¿Pandemia o sensacionalismo informativo?
¿Es más grave la gripe porcina que las miles de enfermedades que hay en otros países subdesarrollados como el dengue, la malaria o el cólera?
Para saber a qué me refiero leed aquí.
(hay que ver qué pena damos los occidentales)
jueves, 7 de mayo de 2009
martes, 5 de mayo de 2009
Autoestímate (pero no me seas Kisch)
Dicen, que dicen que debemos ser personas con la autoestima alta, la moral erguida, la frente desafiante, en vez de seres mediocres, que protestan y que se quejan siempre.
Idea copiada de una charla (de hoy) de esas que se dan a la gente de cierta generación que ha vivido en la teoría de que no valen un pimiento y necesitan para subirse la moral que les digan que han de repetir cada mañana 200 veces "soy una persona estupenda", como si al hacerlo, en vez de aparecer el diablo, apareciera nuestra estima y nos dijera: Hola tu dia va a ser perfecto. ¡Tachaaaan!
Ni que decir tiene, que nadie ha encontrado eso que llaman autoestima aún localizado en algún área del cerebro, y sin ánimo de menospreciar los términos psicológicos, pero con ánimo de despreciar al máximo los términos "kisch" psicológicos (en honor al Sr. Kundera y su maravilloso libro "La insoportable levedad del ser") voy a destripar un poco eso que llaman Autoayuda. O éxito asegurado. O "sea ud. un perfecto gilipollas, pero créase un semidios."
¿Por qué va a ser Kisch quererse a uno mismo/a? Porque utilizar la palabra "autoestima" como el centro del universo, olvidando aspectos como el entorno, las percepciones que puedan tener los demás de nosotros y nosotras, y más aún, las acciones que realicemos en nuestro medio, es crear a partir de la nada una emoción que va a ningún lugar.
Es muy kisch afirmar que, con el hecho de creer que somos estupendos y estupendas vamos a lograr que todo el mundo nos quiera, y más aún se trata de ignorar que, las personas actuamos según recibimos las acciones ajenas. No siempre, tampoco quiero ser reaccionaria, ni convertir al ser humano de un golpe de teclado en carne fresca para la teoría conductista (acción-reacción).
Verdad es, que según vemos el mundo así reaccionamos, por contra, pero no siempre que vemos el mundo bonito, es bonito.
"Oh, que bonito, una chabola". Pobres necesitados, sed positivos. Seguro que en algún momento de vuestras vidas tenéis suerte y el capataz que os está explotando decide pagaros el triple."
En realidad, según vemos el mundo la gente de clase media, biennacidos y bien situados, podemos cambiar las cosas. Pero...un botijo zamorano es un botijo zamorano, aquí y en cualquier lugar, al margen de que queramos que sea un jarrón de la dinastía ming.
(Lamentándolo mucho, lo material también está ahí, si no estaríamos hechos de aire).-Yo también quise ser etérea, menos mal que pasó la adolescencia, maldito infierno...-
Es una falsedad afirmar que, basta con creerse un dios para avanzar. También hay que creer que los demás pueden avanzar con nosotros. Lo que quiero decir es que, el exito depende de nosotros y de la confianza que tengamos en quienes están a nuestro lado.
Cualquier manual de autoayuda jamás te dirá: ¿No será que hay algo que no estás teniendo en cuenta? ¿Por qué te deprimes? ¿Qué es aquello que anhelas que no sabes cómo alcanzar?
Razona un poco...
Esos libros están llenos de consejos cerrados sobre cómo tu cerebro, sin ayuda de nadie se recompone solito, están hechos para que tú digas: YO puedo, todas las veces.
Pero...¡del dicho al hecho hay mucho trecho! Lo discursivo no cambia lo real, si no hay una emoción y una fuerza interior, que no todas las personas tienen siempre; sí algunas veces, pero para ello hay que vivir bastante y tener buena gente al lado.
Pero bueno, no cabe esperar demasiado de algo como una conferencia sobre la "Confianza" para crear empresas chuli-guays, y perdonen que no me quite el sombrero ante semejante timo, chapuza o repetición hasta el absurdo de consignas como "soy una diosa, aplaudéme"
De modo que, nada, sed felices o infelices. Pero no dejéis de sed vosotros mismos.
Algún día escribiré mi propio libro de Anti-autoestima Tópica. Y me llamarán destroy.(ups... ¿sera kisch ir a contracorriente?)
Idea copiada de una charla (de hoy) de esas que se dan a la gente de cierta generación que ha vivido en la teoría de que no valen un pimiento y necesitan para subirse la moral que les digan que han de repetir cada mañana 200 veces "soy una persona estupenda", como si al hacerlo, en vez de aparecer el diablo, apareciera nuestra estima y nos dijera: Hola tu dia va a ser perfecto. ¡Tachaaaan!
Ni que decir tiene, que nadie ha encontrado eso que llaman autoestima aún localizado en algún área del cerebro, y sin ánimo de menospreciar los términos psicológicos, pero con ánimo de despreciar al máximo los términos "kisch" psicológicos (en honor al Sr. Kundera y su maravilloso libro "La insoportable levedad del ser") voy a destripar un poco eso que llaman Autoayuda. O éxito asegurado. O "sea ud. un perfecto gilipollas, pero créase un semidios."
¿Por qué va a ser Kisch quererse a uno mismo/a? Porque utilizar la palabra "autoestima" como el centro del universo, olvidando aspectos como el entorno, las percepciones que puedan tener los demás de nosotros y nosotras, y más aún, las acciones que realicemos en nuestro medio, es crear a partir de la nada una emoción que va a ningún lugar.
Es muy kisch afirmar que, con el hecho de creer que somos estupendos y estupendas vamos a lograr que todo el mundo nos quiera, y más aún se trata de ignorar que, las personas actuamos según recibimos las acciones ajenas. No siempre, tampoco quiero ser reaccionaria, ni convertir al ser humano de un golpe de teclado en carne fresca para la teoría conductista (acción-reacción).
Verdad es, que según vemos el mundo así reaccionamos, por contra, pero no siempre que vemos el mundo bonito, es bonito.
"Oh, que bonito, una chabola". Pobres necesitados, sed positivos. Seguro que en algún momento de vuestras vidas tenéis suerte y el capataz que os está explotando decide pagaros el triple."
En realidad, según vemos el mundo la gente de clase media, biennacidos y bien situados, podemos cambiar las cosas. Pero...un botijo zamorano es un botijo zamorano, aquí y en cualquier lugar, al margen de que queramos que sea un jarrón de la dinastía ming.
(Lamentándolo mucho, lo material también está ahí, si no estaríamos hechos de aire).-Yo también quise ser etérea, menos mal que pasó la adolescencia, maldito infierno...-
Es una falsedad afirmar que, basta con creerse un dios para avanzar. También hay que creer que los demás pueden avanzar con nosotros. Lo que quiero decir es que, el exito depende de nosotros y de la confianza que tengamos en quienes están a nuestro lado.
Cualquier manual de autoayuda jamás te dirá: ¿No será que hay algo que no estás teniendo en cuenta? ¿Por qué te deprimes? ¿Qué es aquello que anhelas que no sabes cómo alcanzar?
Razona un poco...
Esos libros están llenos de consejos cerrados sobre cómo tu cerebro, sin ayuda de nadie se recompone solito, están hechos para que tú digas: YO puedo, todas las veces.
Pero...¡del dicho al hecho hay mucho trecho! Lo discursivo no cambia lo real, si no hay una emoción y una fuerza interior, que no todas las personas tienen siempre; sí algunas veces, pero para ello hay que vivir bastante y tener buena gente al lado.
Pero bueno, no cabe esperar demasiado de algo como una conferencia sobre la "Confianza" para crear empresas chuli-guays, y perdonen que no me quite el sombrero ante semejante timo, chapuza o repetición hasta el absurdo de consignas como "soy una diosa, aplaudéme"
De modo que, nada, sed felices o infelices. Pero no dejéis de sed vosotros mismos.
Algún día escribiré mi propio libro de Anti-autoestima Tópica. Y me llamarán destroy.(ups... ¿sera kisch ir a contracorriente?)
domingo, 3 de mayo de 2009
En cuanto un manojo de palabras inundan una realidad, ésta comienza a apestar, a verse condicionada por un conjunto de expectativas sociales, hasta el punto de que, la realidad deja de serlo para convertirse en un "seguramente" o en un "debería".
Y en ese momento, es justo cuando termina la diversión, y hemos conseguido que la razón discursiva acabe aniquilando por completo lo que sin palabras, había sido un momento irrepetible, y por lo tanto inaprensible por el mundo del logos mediado por los clichés sociales.
Así es como, de pronto el mundo se nos hace asquerosamente previsible, y es precisamente en ese momento en el que, dan ganas de salir corriendo y decir...Tal vez me equivoqué, esto no es lo que yo esperaba.
Y justo es en ese momento, cuando vuelve el silencio a la vida, cuando las cosas simplemente pasan, sin nombres específicos o expectativas, cuando todo vuelve al mundo de las posibilidades.
Si al final todo acaba caducando y perdiendo el color... ¿Para qué hacerse ilusiones?
Y en ese momento, es justo cuando termina la diversión, y hemos conseguido que la razón discursiva acabe aniquilando por completo lo que sin palabras, había sido un momento irrepetible, y por lo tanto inaprensible por el mundo del logos mediado por los clichés sociales.
Así es como, de pronto el mundo se nos hace asquerosamente previsible, y es precisamente en ese momento en el que, dan ganas de salir corriendo y decir...Tal vez me equivoqué, esto no es lo que yo esperaba.
Y justo es en ese momento, cuando vuelve el silencio a la vida, cuando las cosas simplemente pasan, sin nombres específicos o expectativas, cuando todo vuelve al mundo de las posibilidades.
Si al final todo acaba caducando y perdiendo el color... ¿Para qué hacerse ilusiones?
lunes, 27 de abril de 2009
De típicos tópicos
Permitidme un minuto de frivolidad: De un tiempo a esta parte estoy viendo Sexo En nueva York, una serie sobre tres mujeres y una ciudad, Nueva York, en la que se repiten toda clase de tópicos- pero al mismo tiempo divertidísima.-
Podria definirse como una serie estúpida y superficial, en la que se hacen chistes de todo tipo de problemas (sexuales y sentimentales) pero en realidad,no quiero criticarla demasiado, quiero dedicarles una ovación a las cuatro protagonistas, por acabar con los tópicos siguientes en una serie: (sustituyéndolos por otros tópicos nuevos)
El tópico de que las mujeres de 35 años no tienen por qué divertirse si no tienen pareja.
El tópico de que, hay que estar esperando a que te llamen (jamones de jabugo)
El tópico de que, nosotras somos las "princesas" del cuento. Y ellos los SanJorges rescatadores (menuda mierda de película que nos han metido en el coco)
La falsa idea de que las mujeres no pensamos en el sexo. (nunca jamás...¡vamos ya!)
De modo que, por estúpida que sea una serie, y superficial puede encerrar muchas cosas interesantes. Recomiendo verla con tamiz y un poco de ojo irónico, que no crítico.
(Es lo que tiene internet, sin darte cuenta acabas viendo series que hace años se dejaron de emitir o que ya conoce todo el mundo...es como descubrir América.)
lunes, 13 de abril de 2009
Mente de águila, mente de cordero.
Me quito el sombrero metafóricamente hablando ante Niestzche, pese a que sus improperios contra el cristianismo sean salvajes y a veces un tanto crueles.
Si realmente lo hago es por su famosa metáfora (entre imágenes anda el juego como se puede ver) del águila y el cordero.
Él define dos tipos de moralidades: la de los fuertes (las águilas) que históricamente han gobernado y dominado a otros humanos, la "nobleza" y la de los débiles (los corderos que se dejan comer por las águilas, y en vez de emprenderla a patada limpia con estos bichos alados, les tienen incluso "simpatía" o "compasión" desde lo que él define como la moral de los resentidos.)
Y esto es porque se trata sin duda de que las águilas pueden volar, y los corderos se conforman con lo que tienen, desde una suerte de "humildad", aceptando su desdicha de una forma natural. Y así, añade el autor que las águilas encuentran simpáticas a estas criaturas que no se defienden, porque están riquísimas en pepitoria. (lo último lo añado yo).
Bien mirado y desde una postura crítica hacia la visión del cristianismo como una especie de "pompa de la felicidad" desde la cual no se puede hacer mucho con lo que Dios nos ha dado, Niestzche podría tener razón en afirmar que un Dios que defienda la inmovilidad de las personas no merece la pena vivir entre nosotros. Por mí que se encuentre bien enterrado a ser posible. No debemos estancarnos y convertirnos en corderos impasibles ante la injusticia (propia o con otras personas) porque esa forma de actuar nos hace inhumanos.
Y es que desde un concepto de que "todo está escrito" y "nada queda por hacer", caer en esta inmovilidad es bien sencillo. Pero por fortuna estos conceptos son dignos de una parte de la Biblia - y de una ínfima parte de los creyentes-.
Si fuera tal y como predica Nietzsche en su libro, ¿Para qué resucitaría Dios a Jesús? ¿Por qué se molestaría en sanar Jesus, momentos antes a los ciegos, a los leprosos o en ayudar a las mujeres necesitadas?
Precisamente lo que este autor no llega a decir es que, desde el punto de vista del águila que se cree más fuerte que nadie, no queda opción para el crecimiento. Es el águila el que está enferma de sangre y de dolor, porque se ha quedado estancada y depende de sus víctimas para poder sobrevivir.
Más aún, ahondando en el concepto de humildad, en ningún momento se predica que la humildad consista en no querer evolucionar o ser mejor persona. Se puede encontrar otro sentido a la crucifixión y a la moral "de los corderos": La fragilidad es el punto de partida de transformación de las personas. Desde el punto en que Jesús teme que su Padre se haya olvidado de él hasta el punto en el que se produce una transformación en confianza en su palabra. El renacimiento no se podría haber producido sin una muerte anterior. Es lo que hace posible el cambio. Lo importante es cómo la vida renace tras pequeñas muertes.
Es bien fácil quedarse con la interpretación primera, en la que se dice que hay que "poner la otra mejilla", como una especie de masoquismo existencial, que te dice que tienes que dejarte pegar, o comer por otras personas-águilas.
Pues bien, yo digo que poner la otra mejilla es estar dispuestas y dispuestos a correr riesgos y a que la realidad nos abofetee de vez en cuando en vez de vivir vidas cómodas sin problema alguno, cosa por otro lado imposible de llevar a cabo.
Lo que hace posible la transformación es saber dejarse tocar por el dolor, además de por la alegría. Y esto tiene su propia lógica en un vivir, en el que hay momentos para todo. Sin aceptar el dolor en la vida tampoco se puede vivir con fuerza. Ese es el poder de los corderos frente a las águilas en la metáfora de Niestzche. La capacidad para reponerse y transformarse o dejarse transformar por los acontecimientos.
En realidad no creo que Niestzche viviera una religión que predicara la transformación, de modo que, en el fondo puedo estar de acuerdo con él, desde ese punto de vista sobre la religión.
Y colorín colorado esta entrada se ha terminado.
Si realmente lo hago es por su famosa metáfora (entre imágenes anda el juego como se puede ver) del águila y el cordero.
Él define dos tipos de moralidades: la de los fuertes (las águilas) que históricamente han gobernado y dominado a otros humanos, la "nobleza" y la de los débiles (los corderos que se dejan comer por las águilas, y en vez de emprenderla a patada limpia con estos bichos alados, les tienen incluso "simpatía" o "compasión" desde lo que él define como la moral de los resentidos.)
Y esto es porque se trata sin duda de que las águilas pueden volar, y los corderos se conforman con lo que tienen, desde una suerte de "humildad", aceptando su desdicha de una forma natural. Y así, añade el autor que las águilas encuentran simpáticas a estas criaturas que no se defienden, porque están riquísimas en pepitoria. (lo último lo añado yo).
Bien mirado y desde una postura crítica hacia la visión del cristianismo como una especie de "pompa de la felicidad" desde la cual no se puede hacer mucho con lo que Dios nos ha dado, Niestzche podría tener razón en afirmar que un Dios que defienda la inmovilidad de las personas no merece la pena vivir entre nosotros. Por mí que se encuentre bien enterrado a ser posible. No debemos estancarnos y convertirnos en corderos impasibles ante la injusticia (propia o con otras personas) porque esa forma de actuar nos hace inhumanos.
Y es que desde un concepto de que "todo está escrito" y "nada queda por hacer", caer en esta inmovilidad es bien sencillo. Pero por fortuna estos conceptos son dignos de una parte de la Biblia - y de una ínfima parte de los creyentes-.
Si fuera tal y como predica Nietzsche en su libro, ¿Para qué resucitaría Dios a Jesús? ¿Por qué se molestaría en sanar Jesus, momentos antes a los ciegos, a los leprosos o en ayudar a las mujeres necesitadas?
Precisamente lo que este autor no llega a decir es que, desde el punto de vista del águila que se cree más fuerte que nadie, no queda opción para el crecimiento. Es el águila el que está enferma de sangre y de dolor, porque se ha quedado estancada y depende de sus víctimas para poder sobrevivir.
Más aún, ahondando en el concepto de humildad, en ningún momento se predica que la humildad consista en no querer evolucionar o ser mejor persona. Se puede encontrar otro sentido a la crucifixión y a la moral "de los corderos": La fragilidad es el punto de partida de transformación de las personas. Desde el punto en que Jesús teme que su Padre se haya olvidado de él hasta el punto en el que se produce una transformación en confianza en su palabra. El renacimiento no se podría haber producido sin una muerte anterior. Es lo que hace posible el cambio. Lo importante es cómo la vida renace tras pequeñas muertes.
Es bien fácil quedarse con la interpretación primera, en la que se dice que hay que "poner la otra mejilla", como una especie de masoquismo existencial, que te dice que tienes que dejarte pegar, o comer por otras personas-águilas.
Pues bien, yo digo que poner la otra mejilla es estar dispuestas y dispuestos a correr riesgos y a que la realidad nos abofetee de vez en cuando en vez de vivir vidas cómodas sin problema alguno, cosa por otro lado imposible de llevar a cabo.
Lo que hace posible la transformación es saber dejarse tocar por el dolor, además de por la alegría. Y esto tiene su propia lógica en un vivir, en el que hay momentos para todo. Sin aceptar el dolor en la vida tampoco se puede vivir con fuerza. Ese es el poder de los corderos frente a las águilas en la metáfora de Niestzche. La capacidad para reponerse y transformarse o dejarse transformar por los acontecimientos.
En realidad no creo que Niestzche viviera una religión que predicara la transformación, de modo que, en el fondo puedo estar de acuerdo con él, desde ese punto de vista sobre la religión.
Y colorín colorado esta entrada se ha terminado.
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