Es complejo crecer en una lógica cercana a la negación de una misma, para volver a la lógica radical del amor y la coherencia interna.
¿De qué estoy hablando? Buena pregunta. De cómo es complicado pasar de cierta esclavitud y cierta lógica de la negación de uno o una misma, a la lógica de dar lo que realmente se quiere dar porque existe una correspondencia, una equidad en lo que se da y recibe, no siempre perfecta.
Existe una ética arraigada en la negación personal, el sacrificio, la casi autoinmolación por los demás (que se ha hecho llamar cristiana, quizá erróneamente) y una ética más arraigada en la lógica natural del amor.
El amor es armónico, natural. No se basa en un intercambio comercial de naturaleza material, aunque se sustenta en lo material (tenemos cuerpos, vaya, manos para acariciar, brazos para abrazar, es evidente).
Sin embargo, la lógica del autosacrificio por los demás, aunque posee una parte sabia de generosidad y despierta en los demás cierta atracción y confort, tiene una parte negativa que puede hacer que las personas recaigan en el egoísmo, un tipo distinto de egoísmo defensivo.
Para que se me entienda, si yo siempre doy hasta la saciedad y no dejo nada para mí, me sentiré indefensa, dependiente de las respuestas de la gente a lo que yo doy, vacía de contenido alguno.
En cambio si ofrezco siempre desde lo que puedo ofrecer, dejando una parte de mí sin compartir, para mi propio regocijo, será más fácil sentir que la generosidad realmente me deja a gusto. Más allá de esperar que la gente me devuelva lo que me falta, disfrutaré sin compromiso del mismo hecho de compartir con los demás ese espacio común, y de tener algo para mí misma.
Puede sonar evidente, o quizá simplista, pero generaciones enteras de madres han seguido la lógica del dar sin parar, olvidándose de su propia vida, y al final las mujeres que las seguimos pensamos que llegaremos a algún lado así. Y eso es lo que hace que las madres nos parezcan pesadas, o quizá a veces un poco sobreprotectoras, invasivas o irascibles...
¡¡Normal!! Si yo no hubiera tomado mi propio camino, quizá estaría repitiendo los mismos patrones familiares, nada recomendable, y no es que me queje de mi familia, tienen como todas las familias cosas buenas y malas. En cierto modo, crecer es reconstruirse, conservando siempre aquellos valores buenos, en la medida de lo posible.
Es más sencillo de lo que parece, se trata de ser capaces de ofrecer desde lo que se puede. Sin esfuerzos innecesarios. Sin dejar a un lado la propia forma de ser y pensar.
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sábado, 25 de septiembre de 2010
lunes, 28 de diciembre de 2009
Ya estamos con los dichosos nombres... Terminología barata del amor
Sigue molestándome a estas alturas de la vida (no tan altas, aún queda mucho por recorrer) escuchar cosas como: "Si, salimos pero no hay amor aún, ¡menos mal!, no puedo ir tan deprisa! O como "Si, quedamos a veces pero no salimos aún ¿¿¿¿¿????? ¿es que se puede quedar sin salir de casa...bueno si, por poder se puede quedar dentro de casa, pero menudo rollazo ¿no?
Esa es otra: Sí, es mi rollo. Eso significa que no estoy saliendo con él, pero le beso y le hago de todo, eso sí, sólo somos amigos. (claro, yo todos los días beso a mis amigos y les meto mano, es algo absolutamente natural), salgo al cine y tal, pero sin salir, ¡qué van a pensar!
¿Qué carajo nos ha pasado de un tiempo a esta parte que nos da miedo decir palabras como "novio", "pareja", "estoy saliendo con alguien", etc etc...? ¿nos hemos vuelto miedosos y miedosas y ahora hay que salir antes de salir, pero sin estar saliendo (cuidado, no vaya a ser que el otro piense que queremos algo serio, eso sería un problema, mucho cuidado con decir que queremos que esto dure...)
Las palabras más utilizadas últimamente son:
- Rollo (ya descrito antes)
- Amigo (algo más serio que un rollo)
- follamigo (amigo al que te acercas más de lo que harías con un amigo...)
- Novio: ¿Es que te vas a casar? Dios mio,no lo digas nunca, que queda fatal. Y por supuesto si él o ella dijo eso de somos novios implica un nivel tal de compromiso, que mejor no serlo. La propia palabra puede desencadenar desastres como agobiarse y querer dejar la relación y un largo etc. Ponerle un nombre u otro es ir deprisa, mucho ojo con lo que se dice.
¿Para qué complicarse tanto? Bastaría con decir, mira estamos saliendo pero necesito tiempo para saber si eres la persona de mi vida (si es que esas cosas existen realmente),¡¡¡¡ PERO TANTA GAITA PARA HABLAR DE LO MISMO!!!!! o oye, esto no es muy serio, ya está, te pones la nariz de clown y solucionado.
No creo que sea tan complicado hablar. Aunque también puede ser que hemos convertido las relaciones en algo tan sumamente temporal que ya hay que establecer distintos tipos de contratos que hagan a la otra persona saber si tiene que buscar otra relación por si acaso está le falla, al igual que los trabajos.
Lo que realmente estamos ocultando con toda esta mierda de terminología es que creemos aún que el amor verdadero es como en las películas y que hasta que no haya mariposas de colores y fuegos artificiales no vamos a colgar la etiqueta correspondiente.
No somos más gilipollas porque no queremos, que si no...
Esa es otra: Sí, es mi rollo. Eso significa que no estoy saliendo con él, pero le beso y le hago de todo, eso sí, sólo somos amigos. (claro, yo todos los días beso a mis amigos y les meto mano, es algo absolutamente natural), salgo al cine y tal, pero sin salir, ¡qué van a pensar!
¿Qué carajo nos ha pasado de un tiempo a esta parte que nos da miedo decir palabras como "novio", "pareja", "estoy saliendo con alguien", etc etc...? ¿nos hemos vuelto miedosos y miedosas y ahora hay que salir antes de salir, pero sin estar saliendo (cuidado, no vaya a ser que el otro piense que queremos algo serio, eso sería un problema, mucho cuidado con decir que queremos que esto dure...)
Las palabras más utilizadas últimamente son:
- Rollo (ya descrito antes)
- Amigo (algo más serio que un rollo)
- follamigo (amigo al que te acercas más de lo que harías con un amigo...)
- Novio: ¿Es que te vas a casar? Dios mio,no lo digas nunca, que queda fatal. Y por supuesto si él o ella dijo eso de somos novios implica un nivel tal de compromiso, que mejor no serlo. La propia palabra puede desencadenar desastres como agobiarse y querer dejar la relación y un largo etc. Ponerle un nombre u otro es ir deprisa, mucho ojo con lo que se dice.
¿Para qué complicarse tanto? Bastaría con decir, mira estamos saliendo pero necesito tiempo para saber si eres la persona de mi vida (si es que esas cosas existen realmente),¡¡¡¡ PERO TANTA GAITA PARA HABLAR DE LO MISMO!!!!! o oye, esto no es muy serio, ya está, te pones la nariz de clown y solucionado.
No creo que sea tan complicado hablar. Aunque también puede ser que hemos convertido las relaciones en algo tan sumamente temporal que ya hay que establecer distintos tipos de contratos que hagan a la otra persona saber si tiene que buscar otra relación por si acaso está le falla, al igual que los trabajos.
Lo que realmente estamos ocultando con toda esta mierda de terminología es que creemos aún que el amor verdadero es como en las películas y que hasta que no haya mariposas de colores y fuegos artificiales no vamos a colgar la etiqueta correspondiente.
No somos más gilipollas porque no queremos, que si no...
jueves, 18 de junio de 2009
Cordones (1)
Nació en una familia cuya tradición era llevar eternamente el cordón umbilical pegado al cuerpo.
Todos los santos días cargaba con él a cuestas, hasta que un día de verano se dió cuenta de que pesaba demasiado y le intentó pegar un tijeretazo. Como no pudiera romperse, tiró y tiró con todas sus fuerzas.
Tampoco así se rompía el maldito cordón, pero siguió tirando con fuerza.
Después de un tiempo se dió cuenta de una cosa: en realidad ese cordón no era el problema: el problema es que era demasiado cómodo llevarlo puesto, de que realmente no quería deshacerse de él, y le abrigaba en las noches de invierno, aunque como nada es perfecto, en verano le daba calor en exceso.
Decidió entonces ir a una reunión de terapia, donde le pidieron encarecidamente que describiera todos sus traumas, sus rencores, envidias y miedos.
Y el cordón, no dejó de estar ahí, más bien se podria decir que empezó a pesar un poco más, a hacerse agonía pura, un collar de pinchos.
Dejó las terapias, para hacer budismo, esta vez un poco más lejos, en la India. Los maestros espirituales le pedían que se olvidara de su cuerpo. Pero no le fue posible, y lo único que consiguió fue pasar unas cuantas noches en vela, adelgazar 4 kilos, coger el tifus y tener ganas de volver a casa.
Un día se dió cuenta de que ya no había nada. El cordón había desaparecido sin dejar rastro. Se sintió solitario, libre, con ganas de volar lejos. Una persona nueva con fuerzas para hacer realidad sus sueños.
Tras un lapso de tiempo, decidió llamar a su psicólogo pidiendo por favor que lo internaran.
Todos los santos días cargaba con él a cuestas, hasta que un día de verano se dió cuenta de que pesaba demasiado y le intentó pegar un tijeretazo. Como no pudiera romperse, tiró y tiró con todas sus fuerzas.
Tampoco así se rompía el maldito cordón, pero siguió tirando con fuerza.
Después de un tiempo se dió cuenta de una cosa: en realidad ese cordón no era el problema: el problema es que era demasiado cómodo llevarlo puesto, de que realmente no quería deshacerse de él, y le abrigaba en las noches de invierno, aunque como nada es perfecto, en verano le daba calor en exceso.
Decidió entonces ir a una reunión de terapia, donde le pidieron encarecidamente que describiera todos sus traumas, sus rencores, envidias y miedos.
Y el cordón, no dejó de estar ahí, más bien se podria decir que empezó a pesar un poco más, a hacerse agonía pura, un collar de pinchos.
Dejó las terapias, para hacer budismo, esta vez un poco más lejos, en la India. Los maestros espirituales le pedían que se olvidara de su cuerpo. Pero no le fue posible, y lo único que consiguió fue pasar unas cuantas noches en vela, adelgazar 4 kilos, coger el tifus y tener ganas de volver a casa.
Un día se dió cuenta de que ya no había nada. El cordón había desaparecido sin dejar rastro. Se sintió solitario, libre, con ganas de volar lejos. Una persona nueva con fuerzas para hacer realidad sus sueños.
Tras un lapso de tiempo, decidió llamar a su psicólogo pidiendo por favor que lo internaran.
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