Ella mira a las estrellas con el brillo oscuro de sus ojos. Y bajo su mirada se tiende una oscuridad creciente, alumbrada levemente por la luna que hace sombras puntiagudas en el suelo. Son áridas, no le dicen demasiado.
Quisiera, en ese preciso instante tocar una estrella con la punta de sus dedos...pero no llega, se desespera al notar que la distancia es mayor de lo que quisiera. Y en cuanto pega el salto se da cuenta de que, en cierto modo, llega más alto de lo que se imaginaba.
Mucho más de lo que pensaba, muy lejos para ser quien es y tener dos plomos bajo los pies que le tiran tan fuerte que la invitan a rechazar un nuevo impulso vital hacia la luz.
Y sin embargo, salta de nuevo...no le importa el cansancio, sabe (y yo lo sé también con ella) que alcanzará lo que quiere, no porque tenga una nave espacial último modelo, sino porque sabe que puede hacerlo.
No sé porqué no la puedo parar, esa maldita chispa me arrastra y cuando me quiero dar cuenta, allí estoy, preguntándome porqué no aspirar a cosas normales y corrientes como el resto de la humanidad.
miércoles, 15 de octubre de 2008
domingo, 12 de octubre de 2008
¿y si fuera de otro modo?
A veces te planteas si no sería mejor que las cosas fueran simplemente blancas o negras. Pero...los matices son aquello que hace nuestra vida más bonita - y lo bello tiene su complejidad-. La vida es bonita, porque siempre implica nuevos matices, que en función de tu forma de mirar, puedes distinguirlos o no. Esos matices conforman una especie de belleza, un mosaico de circunstancias, armónicas o inarmónicas que nos pueden influir de un modo u otro y sobre las que podemos infuir también nosotros.
En esta diferenciación de matices nos influye cómo nos hemos contado que son las cosas, qué palabras les ponemos a las circunstancias que nos suceden ¿Son traumáticas o nos enseñan? ¿Son difíciles o hacen que mejoremos nuestra capacidad para asimilar nuevos problemas? ¿Sólo nos pasa a nosotros o le pasa de vez en cuando a todo el mundo?
¿Estamos solos ante la desgracia o hay más gente alrededor?
Si pudiéramos decir que tenemos gente, ya hay mucha más facilidad para estar mejor y para decir: bueno, no tengo la mejor vida, pero al menos hay alguien que comparte mi dolor.
Siempre hay alguien. La cuestión es que te narres con la gente, y no sin ella. De lo contrario, la soledad ante lo que sucede puede hacerte sentir que la vida no tiene demasiado sentido.
Ese es el sentido que le doy yo a mi vida.
Gracias familia, no sois ideales (ni yo), pero me enseñáis mucho cada día.
En esta diferenciación de matices nos influye cómo nos hemos contado que son las cosas, qué palabras les ponemos a las circunstancias que nos suceden ¿Son traumáticas o nos enseñan? ¿Son difíciles o hacen que mejoremos nuestra capacidad para asimilar nuevos problemas? ¿Sólo nos pasa a nosotros o le pasa de vez en cuando a todo el mundo?
¿Estamos solos ante la desgracia o hay más gente alrededor?
Si pudiéramos decir que tenemos gente, ya hay mucha más facilidad para estar mejor y para decir: bueno, no tengo la mejor vida, pero al menos hay alguien que comparte mi dolor.
Siempre hay alguien. La cuestión es que te narres con la gente, y no sin ella. De lo contrario, la soledad ante lo que sucede puede hacerte sentir que la vida no tiene demasiado sentido.
Ese es el sentido que le doy yo a mi vida.
Gracias familia, no sois ideales (ni yo), pero me enseñáis mucho cada día.
jueves, 9 de octubre de 2008
Ellos no pudieron hacerlo mejor
Qué le vamos a hacer, si ellos no pudieron hacerlo mejor. Si me mandaron a este mundo y soy así, tal y como me conocen algunas personas.
Qué le vamos a hacer, si cuando me miro en ellos veo defectos que comparto, si cuando discuto con ellos muchas veces veo que esa forma de actuar, yo la he tenido en ocasiones.
Qué le vamos a hacer, si para colmo, no me queda otra que seguir hacia adelante y reinventar aquello que voy borrando.
Desaprender lo llaman. Lo que no entiendo, ni nadie me podrá explicar es porqué cuesta tanto.
El caso es que... ellos no pudieron hacerlo mejor, y a mí me toca cubrir los huecos con mi propia experiencia. Tal vez por eso es bueno que los padres no sean perfectos. Si fuera así, nunca creceríamos.
Qué le vamos a hacer, si cuando me miro en ellos veo defectos que comparto, si cuando discuto con ellos muchas veces veo que esa forma de actuar, yo la he tenido en ocasiones.
Qué le vamos a hacer, si para colmo, no me queda otra que seguir hacia adelante y reinventar aquello que voy borrando.
Desaprender lo llaman. Lo que no entiendo, ni nadie me podrá explicar es porqué cuesta tanto.
El caso es que... ellos no pudieron hacerlo mejor, y a mí me toca cubrir los huecos con mi propia experiencia. Tal vez por eso es bueno que los padres no sean perfectos. Si fuera así, nunca creceríamos.
martes, 7 de octubre de 2008
Comenzando que es gerundio...
Este año me he hecho el propósito de no sentirme mal por posiciones ajenas a mí hacia el aprendizaje o hacia el movimiento social y organizativo.
Muchas veces, acaban convirtiéndose en cosas puntuales, que no tienen que ver con la gente y su bondad o su forma de ser, sino más bien con la cultura imperante de desprecio hacia cualquier forma de esfuerzo.
En cualquier caso, me da igual, sólo yo misma puedo plantearme aprender, por muchos trabajos en grupo que haya, por mucho que se tenga que hacer con los demás, en el fondo se aprende por iniciativa propia, al margen de los resultados de evaluación, o de las actas.
¿¿Y porqué comenzar así esta entrada??
Se debe a dos fenómenos que, llevamos soportando en mi facultad, que si bien mucha gente no contempla como graves o preocupantes, a mí me lo parecen:
Primer fenómeno: Desaparición de las ganas de aprender cualquier cosa si requiere leer o escribir, o tener algún tipo de esfuerzo.
Segundo fenómeno: Apatía generalizada y descontento con la organización de mi facultad. Pasividad en cuanto a aquello que se describe como incómodo. Es decir, la gente protesta y luego se quedan de brazos cruzados. Se buscan las vías más fáciles para resolver cualquier problema, se rehuye el diálogo abierto sobre lo que preocupa.
Lo que parece suceder, es que se quiere funcionar en el mundo laboral, no se quiere saber para trabajar. Triunfan las "recetas", las pautas, los conocimientos directamente aplicables y con alusión directa a una práctica laboral... pero no triunfan los medios para alcanzar estos conocimientos- es decir, hay quien quiere que le expliquen cómo hacer, sin hacer nada...¡el colmo de la incoherencia! es como querer pescar sin caña, o plantar un árbol sin raíces.
Pero es que, estoy firmemente convencida de que las personas funcionamos porque sabemos, no funcionamos sin saber, ni podemos estar en un entorno laboral sin tener ciertas nociones que se pueden aprender en la Universidad. No creo que todo esté bien, creo que hacen falta cambios, pero me exaspera profundamente la ausencia total de interés por saber nada.
No puedo evitar ponerme en el caso de que me sucediera a mí como enseñante...en el fondo me da la sensación de que no sabría muy bien que hacer.
No se le pueden poner lucecitas de colores a todo para que le guste a todo el mundo. En el fondo, o hay un interés o no se aprende. Esa es la cuestión.
Muchas veces, acaban convirtiéndose en cosas puntuales, que no tienen que ver con la gente y su bondad o su forma de ser, sino más bien con la cultura imperante de desprecio hacia cualquier forma de esfuerzo.
En cualquier caso, me da igual, sólo yo misma puedo plantearme aprender, por muchos trabajos en grupo que haya, por mucho que se tenga que hacer con los demás, en el fondo se aprende por iniciativa propia, al margen de los resultados de evaluación, o de las actas.
¿¿Y porqué comenzar así esta entrada??
Se debe a dos fenómenos que, llevamos soportando en mi facultad, que si bien mucha gente no contempla como graves o preocupantes, a mí me lo parecen:
Primer fenómeno: Desaparición de las ganas de aprender cualquier cosa si requiere leer o escribir, o tener algún tipo de esfuerzo.
Segundo fenómeno: Apatía generalizada y descontento con la organización de mi facultad. Pasividad en cuanto a aquello que se describe como incómodo. Es decir, la gente protesta y luego se quedan de brazos cruzados. Se buscan las vías más fáciles para resolver cualquier problema, se rehuye el diálogo abierto sobre lo que preocupa.
Lo que parece suceder, es que se quiere funcionar en el mundo laboral, no se quiere saber para trabajar. Triunfan las "recetas", las pautas, los conocimientos directamente aplicables y con alusión directa a una práctica laboral... pero no triunfan los medios para alcanzar estos conocimientos- es decir, hay quien quiere que le expliquen cómo hacer, sin hacer nada...¡el colmo de la incoherencia! es como querer pescar sin caña, o plantar un árbol sin raíces.
Pero es que, estoy firmemente convencida de que las personas funcionamos porque sabemos, no funcionamos sin saber, ni podemos estar en un entorno laboral sin tener ciertas nociones que se pueden aprender en la Universidad. No creo que todo esté bien, creo que hacen falta cambios, pero me exaspera profundamente la ausencia total de interés por saber nada.
No puedo evitar ponerme en el caso de que me sucediera a mí como enseñante...en el fondo me da la sensación de que no sabría muy bien que hacer.
No se le pueden poner lucecitas de colores a todo para que le guste a todo el mundo. En el fondo, o hay un interés o no se aprende. Esa es la cuestión.
sábado, 4 de octubre de 2008
Antorcha
Prendéis con la mirada,
llenáis con la ilusión.
Hoy siento algo fuerte,
algo especial
que no puedo explicar,
no con el torpe traqueteo
de palabras,
cual tren viejo de carbón.
Es más fuerte que la luz del día,
¿Qué es, fe o amor?
Es mucho que aprender,
mucho que dar.
Es un brillo esencial.
Sutil llama prendida en la existencia,
(a veces frágil y absurda)
viento que sopla en mi interior.
¿Dónde me llevas, dulce llama?
¿Dónde me llevas, corazón?
Gracias, CONELSUR. Habéis conseguido que brote algo nuevo en mí, como una fuente. Creo que vuelvo a tener energía, vuelvo a ser yo, renovada. Muchísimas gracias.
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