Urbanismo Protesta

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viernes, 22 de mayo de 2009

Un cadáver exquisito

Iba yo esta noche con mi amiga Mitla por Alonso Martinez, buscando un local muy bonito, impregnado de recuerdos, de charlas con amigos y amigas, de juegos de mesa como el tabú y tantos otros. La cuestión es que, quería enseñarle el local y ya de paso sumar un momento más a mi rincón de la conversación, ese bar donde te gusta llevar a gente para hablar de cosas íntimas, en definitva, un rincón donde escapar del ruido de los garitos chunda chunda.

Total, que, cuando llegué al sitio en cuestión, me he encontrado un cartel totalmente distino, y un lugar radicalmente diferente:
Las paredes de mi maravilloso oasis estaban pintadas de azul (uno de mis colores favoritos) y tenían planetas que brillaban. También tenía unas lámparas hippies, de esas triangulares con muchos colores.
Pues bien, esa imágen de oásis cálido se ha visto truncada por otra bien distinta: Un local cuyas paredes eran políticamente correctas, pintadas de color blanco y beis, y en uno de los lados con dibujos de diseño moderno.

Las sillas, que eran de fabricación totalmente casera, también pintados de azul océano, con cojines también de colores, han sido cambiadas por estúpidas sillas de diseño, de esas ovoides, que parece que más que sentarte vas a poner un huevo, cual gallina clueca.
Y los camareros, que eran unos auténticos hippies alternativos, comeflores, ya no eran así: se trataba de un chico y una chica vestidos con mucha modernidad en peinado y estilo, completamente de negro. Muy fashion, vamos.

Os podéis imaginar que yo no iba a entrar en aquel cadáver de mi entrañable oasis, del cual sólo quedaba la forma de las paredes y el wc, al que no habían conseguido arrancar ese olor a incienso, que recordaba al antiguo bar donde yo iba. Pero, mi amiga tenía curiosidad, porque nunca había estado allí antes, y no se sentía como yo pisando un cementerio de recuerdos.
Total, que hemos entrado, nos hemos sentado y mientras charlábamos, yo miraba con ojos rencorosos a ese despojo de local, cadaver exquisito de mi antigüo oasis (hay que ver lo que nos aferramos los seres humanos a lo que ya no existe)y súbitamente ha sucedido algo: Han puesto una canción de Depeche Mode, un grupo que me enciende las pilas bastante.

Yo creo (aunque no lo afirmaría abiertamente delante de un psicólogo, por si las moscas) que el local me estaba haciendo ojitos, convenciéndome de que, tal vez podía aceptar que, ya no tendría más momentos en mi querido bar, que en el fondo esos dos locales tenían en común algunas cosas.
Pero, hablando con mi amiga del tema, me ha dicho, que bueno, que ahora justo estaba rellenando de un momento nuevo ese lugar, y que total, mi oásis seguía existiendo en mi memoria.
Así que, he decidido pasar página, y aceptar el cambio, no sin cierto pesar.
Y al salir y ver la mirada atónita de otras personas que iban al mismo oasis que yo, les he dicho: No busquéis el Sedna.Este es otro garito, el otro ha muerto.

Así es a veces la memoria humana: donde no crees que nada te va a ser familiar, súbitamente encuentras algo que te hace sentir como si estuvieras en casa. Y por contra, donde esperas encontrar algo familiar puedes encontrarte con que todo ha cambiado.
Lo bonito como siempre es, vivir para contarlo.

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